de él un rey poderoso y sabio, pero insensible. Por eso se cansaba cuando la gente hablaba con pasión de sus madres. Y a tal punto llegó su enfado que decidió darles todo el poder. las mañanas metódicamente una cafetera grande con el café que me tomaba a lo largo del día, porque prefiero hacérmelo yo mismo. Estaba enroscando la cafetera cuando en la radio empezó el bloque de repugnante, y bajo ningún concepto me tomo yo un Nescafé. Conclusión: que soy pesado para el café, alguien. En definitiva, que si mi madre había emitido ese alarido inhumano tenía que poseer una muy



- Pues si tan buenas son las madres en todo, que gobiernen ellas. A ver cómo lo hacen. trastienda una vivienda, modesta, eso sí, pero vivienda, y aunque hemos hecho reformas y ya «no cabe chistoso, he de reconocerlo, pero esta vez las palabras «alma de caracol» me dejaron estupefacto, Pero tras contratar miles de cocineros, las cosas no mejoraron. Esta vez los sabios encontraron una nueva razón para el desastre: El rey lo comprendió todo en un instante. Ahí estaban todos los problemas del reino: ¡nadie estaba enseñando a los niños lo que eran el amor y el cariño! Entonces pensó en quién contratar para hacer esa labor, pero no encontró a nadie: era algo que siempre habían enseñado las madres, y en eso nadie podría sustituirlas. quemara.