hoy estoy aquí. Su trastazo fue decisivo para esa concatenación de acciones que desembocaron en que —Apaga la radio, Vicente. Pues bien, esa mañana, apenas antes de que mi madre tropezara, yo estaba haciéndome un café. de mi madre esa mañana fue el principio de todo y que porque temerariamente se empeñó en alcanzar Los niños, avergonzados, detuvieron la pelea y se marcharon cabizbajos. Mientras se alejaban, el rey les oyó susurrar. mano con el negocio. Y la facultad, como la música, la fui dejando. Poco a poco. Sin darme mucha las mañanas metódicamente una cafetera grande con el café que me tomaba a lo largo del día, porque



Poco después, a pesar de su vuelta al gobierno, el reino iba aún peor. Preguntó de nuevo a sus consejeros y estos, tras estudiar el asunto, respondieron: manera había presagiado. un alfiler», como dice mi madre, hemos conservado un pequeño rincón con su mesita y sus dos sillas Pero tras contratar miles de cocineros, las cosas no mejoraron. Esta vez los sabios encontraron una nueva razón para el desastre: - Pues si tan buenas son las madres en todo, que gobiernen ellas. A ver cómo lo hacen. pueblo de Radiohead, a quienes por aquel entonces, primeros noventa, escuchaba mucho, porque hay hoy estoy aquí. Su trastazo fue decisivo para esa concatenación de acciones que desembocaron en que Pero los miles de enfermeros contratados no mejoraron nada. Y tampoco los economistas, sastres o decoradores. Ni siquiera el descubrimiento de grandes minas de oro que permitieron al rey contratar cuantas personas quiso. No encontraba la forma de sustituir totalmente a las madres.